viernes, febrero 24, 2006

De viejos tormentos

Tengo un buen recuerdo de los hombres que han pasado por mi vida, incluso de los más $%&%$. Creo que siempre hay que intentar sacar lo bueno de las cosas que pasan (siempre que no sean experiencias traumáticas o denunciables, que eso es otra cosa). Yo me refiero a situaciones normales, de pareja, de amigos o como se quiera llamar. A los indeseables que te parten el corazón, pero pasados los años, quedan ridiculizados hasta la indiferencia.
Hace años que comparto mi vida con una persona muy especial, por lo que hace años también que todas estas experiencias quedaron en el olvido. Hoy por hoy no tengo ninguna espinita clavada, porque cada cosa tuvo su momento.
Recuerdo con simpatía a mi primer noviete, ese de los 16 años, el de "ni contigo ni sin ti", el de las mil excusas y los mil lamentos, el que, siempre ha estado enamorado de mí aunque no se dio cuenta hasta que me perdió. El que 8 años después me juró amor eterno cuando yo ya había conseguido olvidarle.
También me viene a la mente E. que no fue novio pero tampoco amante. Que compartió conmigo medio año de su vida aunque, y yo no lo sabía, tenía una novia esperándole en su ciudad de origen. La decepción y el vacío que sentí cuando desapareció de mi vida me hundieron en la miseria, pero conseguí olvidar.
O puedo recordar a J. que, aunque fue tan solo un amor intensamente platónico, me hizo cambiar de vida, aprender a ser libre y no depender de los demás, soñar y sentir. Para después hacerme comprender que eramos dos mundos que nunca se podrían juntar.
Podría seguir hablando durante horas de aquellos que me hicieron daño y que hoy ya no pueden herirme, pero me quedo con lo bonito.
De mi primer noviete me quedo con que, pasen los años que pasen, siempre recordaré como nos conocimos, y la chispa del primer amor.
De E. la compañía que nos hicimos, las largas conversaciones quitándonos la soledad de encima.
Y de J. sus enseñanzas, cómo me hizo darme cuenta de que cada uno tenemos que sentir que somos especiales. Eso y al haber conocido una tierra de la que ya hablaré otro día.
Por ello cuando veo a alguien que sufre por amor, siempre digo que el tiempo todo lo cura y no hay nadie que merezca más lágrimas de las imprescindibles.