miércoles, marzo 22, 2006

Igualdad


Hace unos meses me encontré a un antiguo compañero de clase al que no veía desde tiempos inmemoriables. Lo típico: ¿qué tal te va? ¡cuánto tiempo! ¡qué casualidad que nos hayamos encontrado!
Nos pusimos al corriente de nuestras vidas en cuestión de segundos. Hablando de lo más básico; trabajo, pareja, planes de futuro. ¿Para qué más? Al fin y al cabo, lo mismo pasan otros 6 años hasta que nos volvamos a ver.
Lo curioso del encuentro fue que, en un momento de la conversación, él que siempre ha sido más bien bohemio, me confesó sin ningún tipo de vergüenza, que sobrevive gracias al sueldo de su mujer ingeniera, ya que el modo de vida que ha elegido no le permite ganar grandes cantidades.
Confieso que me sorprendió la soltura con que lo dijo. Al principio pensé que se había convertido en un "mantenido", pero en un segundo deseché esa idea de mi cabeza. No había malicia en sus palabras, ni sumisión. Simplemente una frase más entre todas, una realidad más.
Reconozco que la sociedad tiene un concepto de los roles hombre-mujer muy difíciles de cambiar, pero, ya que a nadie le extraña que una mujer no trabaje y sea su marido el que gane el dinero, ¿por qué todavía nos sonreimos cuando es ella la que lo hace?
Analizando mi entorno me doy cuenta de que no es un fenómeno aislado. Cada vez son más "ellas" las que mantienen la familia. "Ellas" que tienen un mejor trabajo. "Ellas" que ganan más o trabajan más horas. "Ellas" que aceptan trabajos poco cualificados a veces con tal de ganar un sueldo. "Ellas" que, en muchos casos, y a pesar de todo tienen que seguir siendo, además, amas de casa porque eso es un "trabajo de mujer".
Pero, pensándolo bien, la mayoría de "ellos" cuyas mujeres son las "cabeza de familia" se escudan en tópicos como "es que no me sale nada de lo mío", "por ahora trabaja mi mujer hasta que yo encuentre algo", "para ella es más fácil trabajar". MENTIRA. En el 99% de los casos que conozco, la respuesta correcta es "mi mujer estudió más que yo" o "es mejor profesional que yo" o "es buena en su trabajo y yo no quiero reconocerlo porque no quiero quedar como un pelele".
Por ello, quizás, cuando me despedí de mi compañero, no pude evitar pensar que lo que más me había sorprendido de su confesión fue la sinceridad total con la que reconocía que era ELLA la que ganaba el dinero, sin importarle, sin sentirse herido en su orgullo de macho, sabiendo que él había elegido el camino del artista y que ella lo respetaba, que él no era más ni menos que ella, que eran dos personas. Una pareja, en definitiva, sin importar sexo. Y por supuesto una pareja en la que el amor supera todo lo demás.
Ojalá llegue un día en que la verdadera igualdad exista y no nos importen tanto los estereotipos que nos impone la sociedad. Un día en que algunos se den cuenta de que la igualdad también es una forma de querer.